viernes, 12 de abril de 2013

[Trasfondo] Eldars Oscuros de Huron

Hola a todos!





Siguiendo con los trasfondos de vuestros ejércitos, nuestro lector Huron nos ha mandado el trasfondo del suyo, un ejército de los Eldars Oscuros... Lo mejor? Que el trasfondo lo ha desarrollado en forma de relato!



Esto nos dice sobre el mismo:



El otro día ví que publicabáis el trasfondo de uno de vuestros lectores, así que me he animado a mandaros el mío. Más que trasfondo, es un relato (por ahora corto, pero tengo intención de seguir con él) de mis Eldars Oscuros.


Os ruego que perdonéis mis posibles patadas al trasfondo de W40K, pero aún soy un neonato en este tema. No he leído ninguna novela, y no tengo muchas referencias de cómo funciona todo en este universo. He intentado escribir sobre lo que más o menos sé, pero bueno, ha salido lo que ha salido jejeje. Si véis que hay errores, o simplemente encontráis que hay alguna cosa que debería cambiar, estaré encantado de aplicarlo. Así cómo también agradecería cualquier apunte o aporte que me ayude a mejorar en un futuro no muy lejano.



Y aquí os lo dejamos, disfrutadlo!



Capítulo I

Presentaciones


El sol aún no se veía, pero el cielo empezaba a clarear. Un azul blanquecino rodeaba de la cordillera que se levantaba al este, contrastado con el negro que aún reinaba en lo alto del cielo. Había sido una noche fría, como venía siendo habitual, y las fogatas aún ardían repartidas por los puestos de vigilancia. Tingred arrojó los últimos leños al fuego que tenía al lado, y se frotó insistentemente las manos enguantadas. Oscuras sombras se movían aquí y allá, mostrando la presencia de otros guardias imperiales, por las estrechas calles y los tejados, intentando combatir el frío de la misma manera que él. “Por fin amanece” pensó, aliviado. Su turno de guardia terminaba en breve, pero ante la expectativa de tomar la ración de comida caliente en los barracones, aquellos minutos se hacían horas.


Llevaban seis meses en Lute, un planeta de la Franja oriental, y sólo tres semanas en ese andrajoso complejo. Saltaba a la vista que no había sido hecho para el uso militar, pero en el tiempo que llevaban allí habían reparado los desperfectos más graves, y estaban empezando a construir edificaciones defensivas. Almenos ya se había levantado una improvisada barricada alrededor de los edificios que estaban usando, y se habían instalado baterias antiaéreas en algunas de las terrazas. En unos meses, esas ruinas seguramente tomarían el aspecto de un sistema defensivo decente. Si dispusieran de más hombres y equipo, a estas alturas ya podrían dormir tranquilos, pero el equipo de expedición era más bien precario.


El planeta era inhóspito, y aunque aún no estuvieran, ni de cerca, en la estación más fría, las nevadas eran el pan de cada día, así que los obreros y zapadores trabajaban a marchas forzadas, ya que en pleno invierno sería dificil trabajar. No obstante, a pesar del horrible clima, los recursos naturales afloraban por doquier. Tingred suponía que por eso estaban allí. Los prospectores habrían encontrado un yacimiento importante de lo que fuera, y lo más cercano parecido a una base eran esos edificios. Pero como todo buen soldado, su deber era obedecer, no preguntar. Y allí estaba, a punto de congelarse, Tingred Maston, soldado de la Guardia Imperial con siete años de experiencia a sus espaldas. Había combatido contra Orkos, Tiránidos, y un antiguo regimiento de la Guardia Imperial renegado, y aún así estaba vivo para contarlo. No era una hazaña de la que muchos pudieran presumir. La mayoría de sus compañeros de leva estaban muertos, lisiados o locos.


Maldiciendo entre dientes, se alejó de la fogata, asomándose por encima del muro bajo que rodeaba la terraza. Allí abajo todo seguía igual, aunque por algunas de las ventanas de los pequeños edificios ya se adivinaban luces encendidas, seguramente algún recluta demasiado nervioso para dormir, o alguien con faena atrasada. En media hora como mucho sonaría el estridente aviso por los altavoces que despertaría a todos los soldados y residentes de la instalación como era costumbre. Y para entonces, él ya estaría en el barracón que hacía la función de comedor, devorando el típico guiso de campaña. Tiritando de frío, se acercó al pequeño antiaéreo de campaña que habían situado en la terraza. Era un aparato viejo, oxidado por diversos sitios, y tenía el sistema de giro congelado por diversos puntos. Con una pequeña vara de hierro y un martillo desincrustó el hielo que impedía su movimiento. Hechó un vistazo a los controles, y luego comprobó que la luz indicadora de la alarma estaba verde, eso era bueno.


-Se me van a congelar los cojones, maldito frío infernal -dijo una voz, que llegó desde el hueco de la escalera que subía a la terraza-


-Para lo que los vas a usar... -contestó Tingred con una media sonrisa, mientras se acercaba a la trampilla-


Dejando el rifle láser a un lado, le tendió una mano a su relevo, mientras éste asomaba la cabeza por el agujero. Una barba espesa y unos ojos pequeños y negros le dieron la bienvenida. “Alegre”, le llamaban todos, seguramente por el hecho de que nunca sonreía. Siempre parecía estar de mal humor, pero con el tiempo uno se acostumbraba a su carácter ácido y poco sutil.


-¿Aún sigues vivo? -preguntó, arrebujándose en una manta que había traído- Pensaba que te encontraría hecho un cubito... no me mires así, no serías el primero.


-¿Ya es el relevo? -Tingred se miró el reloj de pulsera- Quedan quince minutos aún.


-Lo sé -Alegre apoyó su rifle láser en el muro, al lado del de Tingred y se acercó a la hoguera para calentarse- Pero me costaba dormir. Las pulgas del jergón parecen una manada de genestealers.


-Tranquilo -Maston sonrió- Para el próximo cargamento de suministros ya pediré que traigan insecticida. Seguro que lo envian urgentemente, si no lo trae el Gobernador en persona.


-¿Insecticida? -el soldado resopló con desdén- Como mínimo necesitamos lanzallamas.


Tingred no pudo menos que soltar una risotada, que en el silencio de la noche se escuchó más de que lo parecía. El barbudo soldado no era una alegría de compañero, pero con el tiempo se le cogía cariño. Antes del traslado a esta solitaria base en este maldito desierto helado, mientras estaban en la capital de Lute, Alegre había sido su compañero de patrulla, así que habían llegado a conocerse un poco. Provenía de un pequeño planeta del Segmentum Solar, y fue alistado más o menos por la misma época que él, aunque era unos diez años mayor. Tingred le tenía aprecio, su sentido del humor hacía que se divirtiera... a veces incluso acababa su guardia más tarde, sólo por compartir unos minutos más con aquel hombre. Pero ese día no. Tenía frío, estaba cansado y hambriento, así que decidió aprovechar que Alegre había subido antes de tiempo.


-Bueno, Alegre -dijo Maston mientras cogía el rifle láser apoyado en el muro- Nos vemos por la tar...


-¿Por la qué? -Alegre estaba de espaldas, ocupado en calentarse las manos junto a la hoguera. Al no obtener respuesta, se giró- Te pregunto que...


-¿Que mierda es eso? -preguntó Tingred, señalando un pequeño punto negro en el cielo-.


El barbudo soldado levantó la cabeza, siguiendo el dedo de su compañero. El azul claro había avanzado más, engullendo poco a poco al negro de la noche. Escasas nubes se paseaban mansamente por el cielo, dando a entender que ese día no nevaría. Las sirenas de la mañana sonarían en veinte minutos como mucho.


-No sé... -Alegre se acercó al muro, oteando el horizonte con una mano como visera- no parece nada. Pero... curemonos de espanto. Contacta con la central y pregunta si había previsto algún fenómeno extraño, o algo por el estilo.


-En seguida. -Tingred sacó el comunicador del bolsillo lateral de su chaleco y pulsó el botón de habla. Mientras lo hacía no pudo evitar pensar en como habia cambiado el tono de voz de su compañero- Aquí Vigilancia 203, diviso un pequeño punto negro al este de mi posición, solicito información disponible al respecto, cambio.


-Aquí Centro -respondió una voz distorsionada por el auricular- No tenemos constancia de nada que pueda estar relacionado, permanezca alerta, cambio.


-Recibi... -Maston se quedó sin palabras. Lo que había en el cielo ya no era un punto. Era un enorme círculo negro, rodeado de vívidas llamas verdes. El verde más escalofriante que habia visto nunca-.


Y de pronto, acudió a su mente, como un torrente incontrolable, toda la instrucción que había recibido, pero sólo sintió un escalofrío al recordar las frías y duras palabras de su instructor: “Que el enemigo nunca llegue al cuerpo a cuerpo. Vaciad vuestro cargador, lo recargáis y volvéis a vaciarlo, pero que nunca os alcancen. Los Orkos os aplastarán, los Tiránidos os devorarán, esos cerdos renegados adoradores de los demonios os destriparán... y los Eldars Oscuros se os llevarán. Y más vale que si lo hacen, estéis ya muertos.”


-Vigilancia 203, aquí Centro -la voz volvió a sonar por la radio, sacándolo de su ensimismamiento- ¿Ha recibido el mensaje?


-Centro, centro, aquí Vigilancia 203, portal... portal Eldar Oscuro al norte de nuestra posición -Tingred estaba pálido, observando el creciente círculo de jade- Repito...


Pero ya no escuchó nada. Alegre se había abalanzado sobre el activador de la alarma que descansaba junto al antiaéreo, y con un golpe seco lo había activado. Las calles y edificios se llenaron del ensordecedor ruido de las sirenas, llamando a las armas a sus residentes. Con un movimiento brusco, Tingred volvió a enfundarse la radio, y corrió hacia Alegre y el fusil apoyado a su lado.


-Tingred -Alegre dejó de mirar el horribe portal, sus ojillos de zorro brillando más que nunca-Ha sido un placer. 


-Alegre... -Maston le devolvió la mirada, y supo que Alegre estaba viendo el miedo en sus ojos, la desesperación de saber que las opciones eran dos: morir aquí o morir en Commorragh-


-Hoy es nuestro día -le interrumpió, con una enorme sonrisa en sus labios- Cuando vinieron a reclutarte, sabías que morirías en un planeta lejano, luchando por algo inútil, y ese día ha llegado.  -volvió a mirar al espeluznante círculo de luz, con la sonrisa aún más ancha- Vamos a llevarnos algunos por delante, ¿eh?


Alegre corrió al antiaéreo sin esperar respuesta, sentándose en el gastado asiento de un salto. Mientras toqueteaba botones para comprobar su funcionamiento, Tingred observó el complejo de edificios. Ya se distinguían claramente los contornos, pero aún estaba sumido en una semi-oscuridad. Guardias Imperiales correteaban de aquí para allá, tomando posiciones o intentando contactar con su unidad, llevando munición a las escasas dotaciones de armas pesadas que había y poniendo en marcha los tres únicos Lemans que les habían asignado. El soldado oteó el edificio del capitán, unos trescientos metros más al norte. Una capa roja ondeando en el balcón le confirmó que estaba allí.


Cuando miró de nuevo al cielo, los vió. Pequeños puntos negros en la lejanía, que iban cobrando forma a medida que se acercaban, más rápidamente de lo que creía posible.


-¿A que velocidad van esos condenados? -preguntó Maston, acercándose a la posición de Alegre-.


-¿No estuviste atento en clase? -Alegre miraba las naves enemigas fijamente- Nuestros vehiculos más rápidos son tortugas a su lado. Con caparazón, pero tortugas.


Uno de los cañones antiaéreos abrió fuego. El estruendo fue ensordecedor, impidiendo que los dos soldados pudieran seguir hablando. Muchos Guardias gritaron, apoyando los disparos. Maston sabía que eran gritos de rabia y miedo. Gritaban para ahuyentar el temor.


-Demasiado pronto -masculló Tingred- Sabrán donde tenemos los antiaeréos antes siquiera de que les tumbemos una de sus naves.


Los tres Lemans ya estaban en posición, temblando y escupiendo humo negro por los tubos de escape. Los cañones de los blindados subían y bajaban, calculando el ángulo de disparo. Mientras, se terminaban de montar las dotaciones pesadas en sus ubicaciones. Las naves ya se distinguían con claridad, afilados cascos, que ofrecían un blanco muy pequeño y extremadamente móvil, parecían flechas de vuelo recto y preciso... y mortal.


-¡Iros a la mierda! -Alegre rugió en su antiaéreo, apretando el botón de disparo-.


Los proyectiles surcaron el cielo. Aunque iban bien dirigidos, las naves corsarias esquivaron las balas cambiando ligeramente la trayectoria. Todas, menos una, que se convirtió en una columna de humo negro, descendiendo en picado hacia el suelo nevado. Más vítores de la Guardia Imperial. Ahora, los cuatro antieaéreos funcionaban a plena capacidad, escupiendo salva tras salva sobre las ligeras naves invasoras. Cayó otra, y otra, y otra. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, los tres Lemans se unieron a los antiaéreos, apuntando sus bólters pesados hacia el cielo, y disparando ráfaga tras ráfaga de balas. Muchas naves enemigas cayeron, otras aguantaban el vuelo con dificultades, pero parecia que por cada una que caía, llegaban tres más.


Algo llamó la atención de Tingred, y al girarse vió unos delgados haces de luz negra sobre el otro antiaéreo, situado unas terrazas más al este. El soldado que lo manejaba no parecía haberse percatado, y seguía disparando contra las naves xenos. En una fracción de segundo, los haces aumentaron de tamaño, provocando una explosión que barrió toda la terraza donde estaba situado y dejó al descubierto el interior del edificio, ahora vacío.


-¡Alegre! ¡Alegre! -Maston chilló a su compañero, que seguía absorto a los mandos del cañón, sin darse cuenta de que el antiaéreo de al lado había volado por los aires. Si habían rebentado uno, el otro era solo cuestión de segundos- ¡Jodido sordo de mierda!


Colgándose el rifle láser del hombro, salió corriendo y agarró a Alegre por el uniforme, tirándolo del antiaéreo. Rodaron por el suelo, acompañados con las maldiciones que Alegre le dedicaba insistentemente. Cuando se levantaron, los dos se dieron cuenta. Una fina línea de luz negra apareció sobre el aparato, y no pasó ni un segundo antes que un segundo y un tercer haz le hicieran compañía.


-¡Corre! -fué lo único capaz de decir-.


Sin dudarlo un instante, Maston hizo exactamente lo que acababa de decir, correr. No se giró para ver si Alegre le seguía, aunque esperaba que sí. No tenía tiempo de bajar por la trampilla,  así que saltó de la terraza. No miró abajo, simplemente cerró los ojos y saltó. Mientras caía, se produjo una explosión a sus espaldas, y notó cómo la onda expansiva le impulsaba en el aire. El impacto fue duro, contra el frío suelo. Notaba el sabor de la sangre en la boca, y un dolor insportable en la pierna izquierda. Con un esfuerzo sobrehumano consiguió abrir los ojos, justo a tiempo para ver como uno de los Leman, que iba marcha atrás por la calle perpendicular a donde se encontraba voló por los aires, esparciendo metal en todas direcciones.


Jadeando, se apoyó sobre la rodilla, y hechó un vistazo alrededor. No había ni rastro de Alegre, pero por suerte su arma había caído al lado. De la terraza donde estaba apenas unos segundos atrás,  salía una humareda negra.  Estaba en una calle ancha, que daba a la avenida principal. Reuniendo toda la fuerza de voluntad de la que fue capaz, recogió el rifle láser y usándolo como apoyo, se puso en pie.“Ahora es cuando lo has de dar todo. Eres un Guardia Imperial. ¡Con dos cojones!”. Se asomó por la esquina, y no pudo menos que aguantar la respiración y volver a esconder la cabeza, ahogando una maldición. Esos cabrones ya estaban allí. Volvió a asomarse.


Pudo ver cómo llegaba el primer Incursor, el suave ruido de sus sistemas de propulsión apagado por los gritos y disparos que se escuchaban por todos lados. La angulosa nave pasó por encima de la improvisada barricada, aprovechando la pasada para destrozar un puesto de artillería ligera con sus cuchillas. Juraría que había oído los gritos frenéticos de los pasajeros. Aunque el incursor aún estaba a una distancia prudencial, Tingred pudo apreciar los destellos que surgían de las armas cristalinas de los ocupantes, parpadeando desde la cubierta de la nave como pequeños faros. Mientras los que iban a bordo del transporte se divertían disparando a todo aquello que se moviera, la lanza oscura situada en la proa se encargaba de los edificios donde estaban guarnecidos los Guardias Imperiales, que disparaban a través de las ventanas.


Una nueva explosión le sorprendió, y al mirar hacia su izquierda pudo ver el último Leman con un boquete humeante en su lateral. El metal de alrededor paercía fundido. “Estas lanzas atraviesan el blindaje como un cuchillo la mantequilla”. Viendo que el Incursor había desaparecido, y comprobando por última vez que Alegre no se encontraba por ahí, salió a la avenida principal.


Las cosas estaban peor de lo que pensaba. La barricada exterior estaba tomada ya por los xenos, sobretodo Guerreros de la Cábala, que desde esa posición segura se dedicaban a abatir a todo aquél que se pusiera a tiro. Varios Incursores y Ponzoñas, la mayoria ya vacíos, se dedicaban a sobrevolar la base, destruyendo objetivos concretos con sus lanzas, o saturando posiciones de Guardias Imperiales con los cañones cristalinos. De vez en cuando bajaban a la altura del suelo para deleitarse cazando soldados con las cuchillas que asomaban por debajo de la nave, o bien para descargar a sus pasajeros ávidos de sangre.


La pierna le dolía, pero intentó mantener un buen ritmo mientras atravesaba la calle, buscando en todo momento ofrecer el mínimo blanco posible a las endemoniadas armas xenos, refugiándose en los cascotes que habían caído. Tenía la esperanza de llegar a la torre del Capitán, lugar que sería de los últimos en caer, pero a medida que avanzaba, cada vez se le antojaba más difícil lograr su objetivo. Parecía que el número de naves xenos no paraba de aumentar, y lo único que podía oír eran las explosiones, los disparos y los motores de las naves eldar volando de un lado a otro.


Todo sucedió en unos segundos. Un ruido infernal perforó sus tímpanos, y notó el suelo vibrar bajo sus pies. Asustado, levantó la vista a tiempo para ver como una mancha roja de gran tamaño pasaba a gran velocidad por encima de su cabeza, dirigiéndose hacia la torre del Capitán. El soldado intuyó que aquello no era una nave de transporte. El Caza Estilete disparó. Al mismo tiempo que los dos misiles impactaban en la base de la torre, la nave desaparecía en el horizonte, llevándose consigo el rugido ensordecedor de sus motores, muy pronto sustituido por el de la torre derrumbándose.


Ahora sí que estaba perdido. Sin el refugio de la torre, sólo le quedaba encontrar algunos de sus hermanos atrincherados, y aguantar hasta el final con ellos. Siguió avanzando hasta llegar al final de la calle, donde sorprendentemente un grupo de Guardias Imperiales mantenía la posición. En una improvisada barricada hecha con cascotes, una docena de soldados devolvían el fuego que les llegaba desde todas direcciones. Un operador de radio intentaba contactar con otros pelotones, mientras el sargento daba órdenes a los soldados.


Haciendo acopio de fuerzas, Tingred aceleró el paso, mientras levantaba uno de sus brazos para alertar de su presencia. No lo vieron. Tampoco les habría servido de mucho. Una sombra cubrió la posición que ocupaban los soldados, que alzaron la vista, sorprendidos. La mayoría sólo se pudo hacer una idea de lo que pasaba, aunque algunos dispararon a las esbeltas figuras que saltaban del Incursor con una gracia sobrenatural, riendo y gritando como poseídas.


“Brujas”, fue lo único que pudo pensar Maston, mientras veía como se desarrollaba la carnicería. Sin apartar la vista, aceleró el paso y se refugió en un portal, asomando la cabeza. Las xenos habían caído encima de su presa como un depredador, la mayoría de ellas ya había asestado una puñalada antes de tocar el suelo. El soldado no pudo más que quedarse quieto, mirando como las Brujas bailaban entre sus compañeros, saltando y esquivando los golpes y las balas, aprovechando cualquier resquicio para hacer un corte y disparar sus ligeras pistolas cristalinas a bocajarro.


En cuestión de minutos, todos los Guardias Imperiales yacían muertos o moribundos en el suelo. Algunos se retorcían agónicamente en el suelo, apretando con las manos allí dónde los cristales se les habían clavado en la piel. En ese instante, el Incursor descendió al nivel del suelo, y las Brujas cargaron los cuerpos de los Guardias que aún estaban vivos. Perplejo, se dió cuenta de que también cargaban los cuerpos de sus camaradas muertos, aunque sin ningún tipo de cuidado. Los heridos humanos se mezclaban con los cadáveres Eldars Oscuros, las dos sangres goteando de la cubierta del Incursor. Maston podía escuchar desde esa distancia el suave ronroneo de la nave, y veía con claridad la cabeza del piloto, que extrañamente, conducía el vehículo desde atrás. Si lograba abatirlo, quizá el vehículo perdería el control y aplastaría a unas cuantas Brujas. En un arrebato de ira y orgullo, apoyó la rodilla en el suelo, y apuntó cuidadosamente con el rifle láser. Aguantando la respiración, contó hasta tres, y disparó. El láser impactó contra el vehículo, provocando la alarma entre todos los xenos.


“Idiota”, fue lo único que le dió tiempo a pensar. Una de las Brujas, la que estaba más cerca, empezó a correr hacia él, aullando como un lobo frenético, mientras blandía dos dagas en todas direcciones. El rifle láser volvió a disparar, pero esta vez dió en el blanco. La xenos recibió el impacto en el pecho, y cayó de espaldas al suelo, dejando una mancha roja muy oscura sobre la poca nieve que había. Siguió disparando en dirección a las Brujas, con la esperanza de llevarse a un par más por delante. Pero antes de que pudiera apretar el gatillo tres veces más, una de ellas estaba encima suyo, riendo sádicamente. Con un movimiento rápido y calculado, le cortó en el brazo, haciendo que soltase el rifle láser.


Tingred gritó de dolor, pero aún pudo enviarle un puñetazo con el brazo sano, golpe que la Bruja esquivó sin apenas dificultad. Aprovechando el movimiento de la esquiva, la eldar oscura giró sobre sí misma y le clavó una de las dagas en la pierna, haciendo que el Guardia Imperial cayera de rodillas sobre el frío suelo. La Bruja reía suavemente detrás suyo, paladeando el dolor de su rival. Tingred ya sabía que iba a morir. Lo sabía desde que había avistado el círculo envuelto en llamas verdes, ese verde horrible. Lo sabía desde que se alistó en la Guardia Imperial. Y puestos a morir, mejor morir luchando.


De un tirón, se arrancó la daga de la pierna, y giró sobre sus rodillas, lanzando una puñalada a ciegas, de derecha a izquierda. Pero lo único que encontró fue el frío acero esperándolo. Con un grito, se dió cuenta que tenía una daga atravesada en el antebrazo, aunque no por mucho tiempo. La xenos dió un rápido tirón, a la vez que con la otra mano le quitaba la daga que aún sostenia en su mano. El soldado se sujetaba el brazo herido, con la mirada perdida en el suelo.


-Almenos nadie podrá decir que no lo intentaste -una voz metálica, con claro timbre femenino, sonó delante suyo- ¿Cómo se le llama a eso? -la voz hizo una pausa dramática- Ah, si... combatir con orgullo... u honor, ahora no me acuerdo.


-Xenos de mierda -resopló Tingred, apretando los dientes para no gritar de dolor. Levantó la cabeza lentamente, intentando controlar el mareo que se apoderaba de él-.


-Siempre me insultáis -la voz replicó, divertida-  O lloráis. Me gustan ambas reacciones.


Tingred subió la mirada, descubriendo poco a poco a aquella Eldar Oscuro que pondría el punto y final en su vida.


Lo primero que vió fueron sus botas, de suela fina y flexible, color rojo oscuro. Las botas se terminaban justo antes de la rodilla, donde empezaban unos pantalones de cuero negro, ajustados a sus piernas, con aberturas a ambos lados que mostraban una piel blanca como el mármol, como la nieve que en aquel momento estaba pisando. De un sencillo cinturón le colgaban dos dagas, finas y afiladas, de una sencillez extrañamente mortífera. Del mismo cinturón, enrollado en la parte posterior colgaba un látigo de color anaranjado, que parecía especialmente peligroso. Por si eso fuera poco, ocupando todo antebrazo izquierdo llevaba una especie de brazal cristalino, de donde surgían hojas afiladas, de un color cambiante entre el blanco y el azul, parecidas al cristal que escupían sus pistolas.


Sus ojos siguieron subiendo, absorbiendo toda la información que aquella alielígena le daba. La única protección que llevaba era una ajustada camiseta del mismo material que los pantalones, que enseñaba más de lo que tapaba. Una abertura en la parte superior de la camiseta dejaba entrever los turgentes senos de la xenos. “Dios” pensó, “¿Cómo puedo fijarme en eso en una situación así?”. Tingred se permitió una fugaz sonrisa. La Eldar Oscura remataba su equipo con una hombrera en el hombro derecho, de dónde salían dos largas cuchillas.


La xenos lucía una larga cabellera recojida en una trenza, que parecía cambiar entre el rojo y el naranja, dependiendo de la cantidad de luz. El soldado se preguntó si aquello no sería un inconveniente a la hora de luchar. Después se acordó de lo que le habia costado postrarle así en el suelo, y decidió que no, que no le perjudicaba en nada llevar el pelo tan largo.


Y por fin llegó a sus ojos. Unos ojos violetas, que parecían llenos de sabiduría y de maldad a la vez, de crueldad y de pasión, inteligencia y soberbia... esos ojos decían muchas cosas a la vez, tantas, que resultaba imposible descifrarlas todas.


-Tú no eres una Bruja normal... -se dió cuenta Tingred, aún postrado en el suelo, sin apartar la vista de aquella eldar oscura-.


-Oh, bien -la voz metálica llegó a sus oídos como un susurro afilado. Entonces, el soldado se fijó en un pequeño aparato que le colgaba del cuello. Era como un pequeño altavoz, de donde provenía la voz metálica.- Veo que te has dado cuenta.


La alielígena movía sus labios finos y rojos casi imperceptiblemente, y aunque a Tingred le parecía escuchar un ligero susurro, la voz metálica lo hacía inintelegible.


-Acaba ya con esto -el Guardia Imperial sabía que la eldar oscura estaba jugando con él, y lo disfrutaba- Mátame de una vez.


-Tú no eres tonto -la Súcubo se adelantó unos pasos, y se agachó para quedar a la misma altura que el humano. Sus ojos se encontraron, y Tingred se sintió hundir en los iris violeta de aquella xenos- Y sabes que no voy a matarte. En Commorragh tendremos tiempo de sobras para... hablar largo y tendido.


Con una risa cristalina, salida directamente de sus labios, no del pequeño altavoz, se giró, dándole la espalda. Con movimientos felinos, se alejó del derrotado soldado, sin apenas dejar huellas sobre la escasa nieve que cubría el suelo. Tingred vió cómo la Súcubo le hablaba a una de sus Brujas, señalando en su dirección. Su subordinada, asintió con la cabeza y se acercó al soldado, aún postrado de rodillas en el suelo. Lo último que pudo ver fué la bota de la xenos, estampándose contra su cara.


Cuando su cabeza tocó el suelo, sintió frío. Y luego la oscuridad.
Qué os parece?
Como siempre, esperamos vuestros comentarios!
Saludos!

21 comentarios:

  1. Hola.
    En primer lugar, el texto mola. Felicitaciones al autor!
    Ahora la mala noticia:
    Cuando publicáis listas o narraciones largas me salen todas enteras en el inicio ¿No habría manera de que saliera sólo un fragmento y acceder al contenido completo clicando sobre él? Sé que es una crítica pero pretende ser constructiva. Más que nada porque para ver el siguiente tema la rueda de mi ratón saca humo... y es poco práctico sobre todo cuando se juntan varias entradas largas.
    Disculpad si he molestado a alguien pero lo tenía que decir...

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    1. Con la opcion de salto de linea eso se soluciona ^^

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    2. Eso que comentas puede hacerse, es un salto de línea dentro de la edición del post en blogger, si no recuerdo mal...

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    3. Pues lo siento!!

      Pero lo cierto es que no sé cómo se hace eso en blogger... si alguien me pasa un minitutorial por el correo del blog lo solventaremos en el futuro!

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    4. No pidas perdón, el blog es tuyo y publicas como quieras. Para añadir el salto, mientras redactas la entrada tienes en la parte de arriba herramientas de edición (negrita, links, iimágenes, etc) tienes un icono que es una raya horizontal. Si pones esa raya te inserta un par de líneas en blanco en la entrada y al publicar te sale el texto que hay por encima, pero para leer el resto hay que darle a un lino que te pone tipo "Seguir leyendo".

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    5. Perfecto, gracias!

      Para otras ocasiones en donde el texto sea extenso, lo tendremos en cuenta!

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  2. No esta mal, solo puliria algunos detalles. A tu guardia imperial sin rango le hace falta un regmiento q vaya como escolta a esa expedición, o q formen parte delas fuerzas de defensa planetaria (FDP) de algun planeta perdido. Y es extremadamente raro q un guardia imperial sepa tanto sobre los Eldars oscuros sin haberlos combatido antes. La guardia imperial no aprende en clases teoricas, sino sober el terreno!
    Respecto a las labores de vigilancia, nunca se hace guardia solo. En las novelas que me he leído yo lo mas normal es que sean pelotones enteros q hagan guardia.
    Y hay un momento q el Guardia imperial llama "hermanos" a sus compañeros. Es un término q usan los Marines.Tb lo podria usar un regimiento de guardia imperial veterano con muchos siglos de tradición y compromiso pero sería raro.
    Por lo demás con añadir gritos constantes de moribundos por los canales de comunicación y ya seria una incursión al espacio real como dios manda :P

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    1. Hola!

      Gracias por comentar, todos esos fallos serán subsanados en breve jejeje.

      Ya imaginaba que la GI no impartía muchas clases, pero pensaba que almenos sí que les hablarían de sus posibles enemigos, aunque ya veo que no xD.

      De nuevo gracias por tus opiniones, ayudan a mejorar el realismo del relato.

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  3. Gracias por comentar!

    A ver si se pasa y nos comenta jeje

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    1. Hola Wolfen, gracias por publicarme el relato ;)

      He visto tu mail cuando ya habias lo habias colgado. Ya puedes ver mi nick xD

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    2. Jejejeje, no pasa nada, ahora lo cambiamos!

      Un saludo

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  4. Un gran relato, tengo ganas de ver como sigue. Las observaciones de Nalwood me parecen muy acertadas. Creo que te excedes en el conocimiento de los EO por parte de Tingred, el usar nombres como guerreros de la cabala, cañón cristalino, etc le quita fluidez al relato, lo hace parecer artificial y prefabricado. Creo que te funcionaria mejor describir el elemento brevemente en lugar de usar su nombre del codex (que en ocasiones ya lo haces). De todos modos no es un fallo grave y ayudará al neófito. Lo único grave que he visto es lo del frío infernal, entiendo lo que quieres decir, pero el infierno no es frío...así que es una mala comparación, tal vez frío abisal, glacial o incluso letal...no crees?

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    1. Gracias por comentar

      Cómo ya he dicho, cambiaré diversas cosas a partir de vuestros consejos.

      Lo del frío infernal... ha sido una de las típicas idas de olla que se escapan en la revisión xDD.

      Por cierto, me gustó mucho la historia de tus Titiriteros!

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    2. Muchas gracias, la cabala ha ido creciendo, y ahora que uso aliados eldars habrá que hacer algunas relatos más, jejeje. Además, con el paron de BP0 estoy pensando retomar mi blog a un ritmo prudencial, pero estoy muy liado...a ver si saco tiempo ;)

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    3. Animo, y recuerda que ésto no deja de ser un hobby siempre!

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  5. Recordad, el poder del Imperio se basa en la ignorancia. Es más, si alguien se muestra demasiado "sabio" hablando de xenos o del caos... digamos que... bueno... el comisario de turno ya tiene con quién practicar la puntería. Y eso si no les da por hacerte un "suave" interrogatorio inquisitorial.
    Recomiendo, a la hora de escribir historias bélicas, leer novelas como "El Soldado Desconocido" de Guy Sajer, las novelas de Sven Hassel y, como no, sci-fi de ambientación militar como "La guerra interminable" o "Tropas del espacio" (en ese aspecto, "el juego de Ender" es un tanto naif y no me vale). También recomiendo "Berserker: el inicio" de Fred Saberhagen y, de paso, veis de donde se sacaron los de GW la idea de los Necrones.
    Eso sí, después de leer ese tipo de cosas igual encontrais muchas novelas de Workshop un tanto infantiles y poco "realistas" en cuanto a la condición humana.
    (Vuelvo a insitir: El Imperio es la dictadura más brutal que ha conocido jamás la raza humana. La carne humana es más barata que las balas. El inicio de "Enemigo a las puertas" es un juego de niños en comparación).

    Saludos!!!!

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    1. Tomo nota de esas novelas!!

      Aunque si puedes también lee algo de Dan Simmons y sus sagas Hyperion, Endimion e Illion... hombres que juegan a ser Dioses y a creerse más que los demás... adoro esas sagas!

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    2. Bueno, yo me centro más en novelas que son bélicas o de una sci-fi muy militar y muy bién documentada, independiéntemente de la imaginación puesta en la historia.
      Las primeras son sobre la segunda guerra mundial y, teóricamente, basadas en historias reales o inspiradas en ellas (en las novelas de Sven Hassel los protas forman parte de un batallón disciplinario blindado y son todos unos "perlas" y unos asesinos).
      Recom,iendo, también leer memorias de gente que haya estado en guerras de verdad, pero no pasadas por el filtro, sino las que relatan lo más fielmente posible cómo se vive algo tan brutal. POr eso digo que, cada vez que he intentado leer a Dan Abnett no he podido pasar de la página 20 de lo infantiles que me parecen sus relatos bélicos. En cambio, Tormenta de Hierro del McNeil, con toda su descripciónd del asalto a una fortaleza inspirada en batallas de asedio del siglo 18 me parece de lo mejor que ha sacado GW.

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    3. A mi me encantan McNeill y William King... son para mi los dos mejores autores de la BL

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  6. Muy chulo el relato, una forma amena de presentar el trasfondo. (Otros siempre acabamos escribiendo tochos infumables. ;) )

    Enhorabuena!

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    1. Oye, pues el relato de la mini que me tocó en tu concurso estaba bien currado!

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