lunes, 24 de junio de 2013

[Relato] Historia de los Tiránidos II, por Burronoide

Hola a todos!





Nuestro lector Burronoide ha seguido enviándonos su relato propio, en donde nos explica su visión del origen de los Tiránidos! Estas son las nuevas entregas:




La hipercomplejidad genética tiránida:


Paralelamente a estas adaptaciones un nuevo fruto estaba madurando desde hacía mucho tiempo en los tiránidos, una mejora en sus genes que permitiría una adaptación más rápida y mayor.


La evolución tiránida se había disparado durante los últimos siglos, el sistema adaptativo de los tiránidos llevaba mucho tiempo mejorándose de forma inapreciable mucho antes siquiera de la aparición del devorador. Los tiránidos gozaban desde hacía mucho tiempo de un nuevo sistema evolutivo: el robo de genes y el almacenamiento de material hereditario. 


Un fallo en la secuenciación de los genes tiránidos permitió la incorporación en su genoma de ADN y otras sustancias en relación con la herencia de otras especies, este hecho se daba en pocas circunstancias pero a gran escala permitía una variabilidad que disparaba la evolución a gran velocidad. Este hecho de momento sólo era menor y estaba fuertemente sometido a la selección natural. La mayoría de individuos con genes robados activos morían, pero los que sobrevivían perpetuaban la especie.


Los tiránidos empezaron a almacenar genes a lo largo de su vida, que transmitían (o no) al azar a sus descendientes. Este era el inicio de la hipercomplejidad genética tiránida.


El avance tiránido era imparable, millares de enjambres cruzaban su galaxia y recorrían las estrellas devorando innumerables mundos a su paso, en raras ocasiones dos enjambres coincidían en un mismo planeta produciendo enfrentamientos estancados que durarían décadas y siglos.


Nacimiento de una entidad:


Con el paso de los lustros los tiránidos reafirmaron su posición como especie dominante en su galaxia, aún había civilizaciones que resistían su hambre constante y muchas estrellas por descubrir.


Pero esta situación estaba estancada, el robo de genes se había revelado a corto plazo como una práctica perjudicial, el material hereditario tiránido se había vuelto enorme, complejo y fragmentario con mucha basura entre los genes y casi todos los descendientes morían por fallos o por peso. Los tiránidos se encontraban entre dos grandes amenazas, el estancamiento evolutivo y la hiperevolución degradativa.


Sin embargo este equilibrio era efímero, se acercaba una nueva etapa en la evolución tiránida. La sinapsis acababa de alcanzar una nueva dimensión, tras la aparición de la comunicación por micropliegues del espacio, los tiránidos habían dejado de actuar de un modo individual dentro del enjambre: algunos individuos se especializaron en la exploración o en la producción de devoradores en una jerarquía no muy marcada; empezaron a trabajar para un objetivo común que era la supervivencia de la manada.


Los enjambres habían adquirido tamaños épicos, columnas de años luz de longitud formaban redes sinápticas entre todos los individuos, apareció una nueva conciencia: la mente enjambre.


De forma (relativamente) repentina los enjambres dejaron de atacarse entre sí, al menos aquellos más cercanamente emparentados, y empezaron una expansión sistemática por aquellas estrellas que nunca antes habían perturbado o se habían atrevido tocar. La mente enjambre no “pensaba”, aún, pero unía en cierto modo a la especie; unión que se reafirmó con los psicoimpulsos como método comunicativo a largo alcance, y el antiguo sistema de señales electromagnéticas pasó a ser usado sólo en tierra. 


El nacimiento de la mente enjambre reinventó la especie, sobretodo cuando pasó a ser capaz de regular y controlar sus reacciones químicas, metabólicas y evolutivas, y dirigir a los devoradores.


Sin embargo se acercará un límite que los tiránidos aún tardarían en superar, un límite que por poco extinguió su especie, la galaxia se terminaba. Los tiránidos eran la especie más numerosa de la galaxia, no tenían límites, aun, pero había todavía especies que limitaban su avance y problemas que superar, siendo el más apremiante el efecto masa.


El gante:


Con el paso del tiempo la especie tiránida se definió, los devoradores se desarrollaron y adquirieron complejidad. Hasta ahora estos seres diminutos habían consumido innumerables civilizaciones, y poco a poco la selección natural había seleccionado a aquellos más eficientes. En los extremos más alejados de la galaxia las larvas tiránidas tenían una nueva forma y un nuevo nombre: gantes.


Ésta subespecie de devorador medía más de dos metros de largo, poseía un esqueleto enlazado y un caparazón quitinoso; era rápido y musculoso y tenía pocos rivales entre sus presas. Estaba capacitado para sobrevivir a casi todos los ambientes y era fácilmente digerible, un solo gante sustituía a un centenar de devoradores.


A su vez el adulto tiránido adquirió complejidad, su forma espacial se hizo grande y resistente, y dejo de ser solo un caparazón de transporte; puede moverse y dirigirse a un objetivo y gozo de fluidez en el vacío. Sus columnas de individuos podían considerarse ya “flotas enjambre”.


Adquirieron una nueva táctica de ataque, se colocaban en órbita alta sin entrar en la atmósfera y soltaban sus esporas antes de descender, cada espora era un saco de devoradores en proceso de desarrollo que cuando alcanzaban la superficie estaban listos para alimentarse; estos sacos serían los antecesores de las esporas micéticas.


Si aparecía una amenaza  los devoradores crecerían hasta convertirse en gantes mientras la flota enjambre soltaría una nueva salva de esporas micéticas con gantes en proceso de desarrollo. Cuando los adultos tiránidos bajaban a la atmósfera los gantes habían terminado muchas veces con cualquier amenaza y podían ser dirigidos por la red sináptica contra los focos de resistencia.


Los autotrofomorfos:


Sin embargo la galaxia era cada vez más pequeña y costaba más encontrar planetas habitados. La mente enjambre volvió a dirigir a los tiránidos contra su propio territorio purgando millares de mundos de subespecies y vestigios tiránidos. A su vez apareció una nueva reza, los autotrofomorfos, ésta subespecie se separó del grueso tiránido especializándose en la síntesis de materia orgánica a partir de materia inorgánica, su paso por las estrellas vaciaba planetas enteros de cualquier elemento utilizable. Con ella apareció por primera vez un progreso que los demás tiránidos no tardarían en utilizar: la superespeciación.


Los autotromorfos fueron los primeros en producir especialización entre sus individuos. Para “vaciar” mejor un planeta, tener criaturas especializadas en tipos diferentes de metabolismo y obtención de nutrientes era un claro paso hacia delante. Así pues millares de variantes del devorador (y también algunas del gante) crecían por todo el planeta. Atacaban, siempre planetas deshabitados y rehuían aquellos que albergaban vida mínimamente evolucionada que pudiera interferir en sus delicados procesos de terraformación tiránida.


Se generaron devoradores fotosintéticos que reducían el dióxido de carbono de la atmósfera en cuestión de semanas, y que aprovechaban también cualquier hidrocarburo presente como gas. Crecían como plantas formando inmensas praderas de ellos que como espárragos se elevaban hacia el cielo con pliegues por toda su piel para aumentar su superficie de absorción, otros como gusanos escarbaban la tierra devorándola y desprendiéndola para que pudiera ser asimilada, y otros se anclaban en el suelo y desplegaban vestidos membranosos como si fueran flores delicadas de treinta metros de altura. Todos los gases desde el oxígeno y el nitrógeno a los sulfuros y metales sublimados eran aprovechables y lo mismo ocurría con los carbonatos, silicatos y el resto de sales y minerales que formaban las sólidas cortezas planetarias. Todas estas subespecies del devorador cuya función era el autotrofísmo se podían englobar con el nombre de autonitrones, mientras que los que cumplían funciones mecánicas se agrupaban en el de los autotrofexes.


Se generó una variante serpentiforme del devorador  que excavaba la roca hasta llegar al mismo magma del planeta, produciendo así volcanes que liberaban gases aprovechables y aumentaban la temperatura del planeta, favoreciendo así los procesos de síntesis y catabolismo. Y otra que segregaba sustancias hormonales gaseosas que controlaban al resto de los individuos para que actuaran según su función en las diferentes etapas del proceso consumidor.


Al final todos los individuos tendían a reunirse en grandes concentraciones mientras el devorador clásico los consumía a todos para entonces descender los tiránidos adultos y alimentarse de todos ellos. Por último salían todos los autotrofomorfos en enjambre para asaltar un nuevo mundo seguidos millares de los nuevos individuos, listos para iniciar un nuevo ciclo.


Sin embargo los autotrofomorfos fueron devorados más tarde por los tiránidos heterótrofos, pero no se perdieron sus avances evolutivos, estaba a punto de llegar la era de la superespeciación, seguida de cerca por una creciente inteligencia tiránida.


La aparición de la hiperpropulsión:


La galaxia se estaba saturando aunque pasarían milenios antes de que eso resultara un problema, pero igual que en sus inicios los tiránidos conseguirían expandirse más allá de los límites que les impedían avanzar. La naturaleza animal y sin mente de los tiránidos había producido un sin cesar de éxodos a gran escala fuera de su galaxia, sin embargo el desplazamiento por curvatura a tan grandes distancias requería tanta energía que todos y cada uno se autoconsumían antes siquiera de recorrer dos quintas partes de la distancia necesaria para alcanzar las pequeñas galaxias periféricas que orbitaban alrededor de la suya. Algunos casos extremos habían llegado a cruzar tal distancia pero los progresos necesarios que adquirieron para poder lograrlo les habían mermado su capacidad de establecerse allí donde llegaban y no se habían expandido.


Sin embargo un nuevo sistema de desplazamiento se estaba desarrollando lentamente, derivado de algunos de sus procesos digestivos extremos los tiránidos empezaron a   usar la hiperpropulsión. Más lento pero más económico, el quemado de nutrientes combinado con sistemas magnéticos y energéticos de mecánica cuántica permitió a las especies que lo desarrollaron moverse con mayores probabilidades de éxito y con un consumo menor, y lentamente se consiguió un acercamiento cada vez mayor a las galaxias más cercanas, muchas de las cuales fueron alcanzadas por casualidad.


Unidad: el “gran devorador”:


Los tiránidos acababan de entrar en un nuevo “sistema solar”. Lentamente se extendieron por los nuevos territorios acabando con los restos de las esporádicas incursiones tiránidas anteriores al desarrollo de la hiperpropulsión, que flotaban inertes por falta de nutrientes en los soles de frontera de las nuevas galaxias. Se extendieron por los planetas deshabitados y terminaron con cualquier amenaza que se les planteara.


Con la llegada a las galaxias más cercanas culmina lo que asta ahora ha sido la evolución natural, en ése momento la mente enjambre ya piensa, calcula y evalúa, y es capaz de almacenar información y observar a sus presas. Los tiránidos pasan a ser un único organismo: el gran devorador.


La mente enjambre no reflexiona, actúa; su capacidad de procesar información es tal que puede ejercer una respuesta inmediata a cualquier estímulo normal, carece de sentimientos y hasta ahora es única en el universo. Y aún debe evolucionar, no tardaría en controlar su propio metabolismo.


El gran devorador es la personalidad de la mente enjambre, una conciencia que busca exclusivamente la supervivencia de si misma y por lo tanto estimula la multiplicación de los individuos tiránidos y genera estrategias para cumplir sus objetivos, sean tanto la destrucción de una amenaza, la alimentación o el desplazamiento a lugares mas adecuados para sus fines. Desde un punto de vista externo el gran devorador solo muestra un único sentimiento: hambre.


Y ¿que es la mente enjambre a nivel individual? Es una red de conexiones telepáticas, psicoimpulsos que unen a todos los individuos tiránidos formando un entramado similar a un sistema nervioso, la red sináptica. Durante el viaje los tiránidos deben distribuirse de forma determinada para el correcto funcionamiento de la mente enjambre, y cada uno adquiere una función concreta como la interpretación de estímulos o la memoria a corto plazo. Individualmente un tiránido ya no puede actuar y en estos momentos si cualquier individuo se separa de la red cesa su actividad quedando inerte en el espacio.


Las primeras criaturas sinápticas:


El proceso evolutivo no se ha estancado, de hecho con el robo de genes está ya más regulado y la evolución se ha disparado. La influencia de la mente enjambre dirige por primera vez el proceso evolutivo, tiene acceso a un material genético inmenso y la capacidad de usarlo, y perfecciona una y otra vez sus sistemas de nutrición y relación; experimenta y somete a prueba.


La red sináptica conecta a todos los individuos pero pequeños cambios genéticos accidentales generan con facilidad escisiones en los enjambres de individuos, que se separan del grueso con sus propias mentes enjambre en acción. Para evitar que éste tipo de descohesión ocurriera de forma habitual los tiránidos tendieron a reducir la red sináptica, cuantos menos individuos emisores de psicoimpulsos hubiera, la probabilidad de que éstos cambiaran y se separaran del grueso con una conciencia independiente se reducía y por lo tanto se vio favorecido por la selección natural/artificial tiránida.


Los individuos emisores y procesadores se redujeron en cantidad hasta ser una fracción menor de la flota enjambre, sus genes se leían de forma diferente a la del resto de tiránidos como resultado de una lenta superespeciación (ya ocurrida en los autotrofomorfos), estos individuos fueron las primeras criaturas sinápticas.


La mente enjambre ha disminuido capacidad a favor de la supervivencia, mientras que antes todas las criaturas podían considerarse sinápticas, ahora solo parte de ellas tienen esta función, también supone una reducción del gasto energético y un aumento del control de la flota. Y mientras tanto el resto de miembros del enjambre pasan a ser receptores de los estímulos, reciben y actúan según las ordenes de la red sináptica y la obedecen como si fueran una extremidad más del superorganismo que es el gran devorador.


Éste es uno de los primeros casos de especialización tiránida, hasta ahora todos ellos han tenido un genoma común pero a partir de este momento hay tiránidos que leen ya solo parte del genoma completo en su mayoría de células, pudiendo expresar solo aquellos genes aptos para su función, sea la de actuar como una criatura sináptica o como miembro de la flota enjambre.


También empieza a desarrollarse un nuevo sistema de comunicación: para compensar las carencias de los psicoimpulsos para actuar a largas distancias, que cada vez se dan más debido a la reducción de tamaño de la red sináptica, las criaturas que forman parte de la red desarrollan la comunicación por gravitones.


“Agarrando” la gravedad del individuo con el que la criatura sináptica se quiere comunicar la modifica en pequeños intervalos según un código de frecuencias. La intensidad es casi imperceptible pero con el tiempo el sistema eclipsará la mayoría de los métodos de comunicación de la flota enjambre, sustituyendo la comunicación por psicoimpulsos en el espacio profundo e incrementando la velocidad de transmisión, e indirectamente, a las capacidades de la mente enjambre, que no tardará en compensar su red sináptica reducida.


El narvâl:


La expansión por las galaxias periféricas se aceleró aunque aún se debía dar el último paso evolutivo en la eficiencia del viaje ínterespacial tiránido.


La hiperpropulsión solo fue un paso intermedio que sería superado por un sistema mejor, desarrollado a partir de su sistema de comunicación en espacio profundo los tiránidos no tardaron en utilizar el desplazamiento por gravitones.


En el espacio, los tiránidos han aumentado de tamaño y se han especializado, en el enjambre o “flota tiránida” se genera una nueva criatura: el narvâl.


Surgido como una criatura sináptica hiperdesarrollada, esta bioforma no tarda en extenderse por toda la flota, dotado de fibras ultrasensibles es capaz de detectar por radiación de gravitones cuerpos celestes extremadamente alejados.


El fototactismo se abandona casi definitivamente, es un sistema primitivo y totalmente inadecuado para ser utilizado a distancias tan descomunales. Usando el campo gravitatorio del cuerpo celeste al que el enjambre quiere viajar, el narvâl crea un corredor capaz de transportar a parte del enjambre con él hasta pocos años luz de éste cuerpo. Este uso de los gravitones de los planetas y estrellas tiende a desestabilizarlos, lo que se traduce como desastres naturales, terremotos, volcanes, perdida de órbitas y manchas solares que en cierto modo favorecerán  a los tiránidos ya que cuando lleguen se habrá reducido cualquier amenaza para ellos y se habrá iniciado parte de la terraformación que les permitirá nutrirse.


Éste sistema además permitirá la detección de agujeros negros y otros cuerpos celestes peligrosos, que ya han absorbido multitud de flotas tiránidas. Sin embargo los otros sistemas de desplazamiento no se han perdido, el efecto túnel es usado incluso hoy en ausencia de bionaves narvâl, y en algunas flotas tiránidas especialmente grandes se puede encontrar un macroorganismo llamado igneodomo, que agarra al resto de la flota y la traslada por hiperpropulsión a las cercanías de un planeta. Los igneodomos son muy raros de ver y solo se encuentran en las flotas tiránidas mas desarrolladas.


El primer soldado tiránido


La diversidad tiránida crece en el espacio mientras que en tierra el sistema parece estancado, el progreso se da pero de un modo más bien estabilizante en vez de creativo. Se están creando unas bases para una generación futura de lo que podremos considerar soldados tiránidos.


La bioforma gante se asienta como base para la creación de muchas nuevas criaturas que están por aparecer, adquiere una forma estable con seis extremidades (característica base de los tiránidos), cuatro dedicadas al desplazamiento y dos rematadas por agudas y cortantes prolongaciones óseas. Esta criatura tiene un caparazón quitinoso que forma un fuerte exoesqueleto junto con un entramado óseo que la convierte en un organismo aislado del exterior, posee además unas fuertes mandíbulas con dientes mudables para alternar diferentes tipos de alimento.


Su tamaño llega hasta los dos metros y medio y se inclina hacia delante en una estructura aerodinámica contrapesada por una cola gruesa y flexible. Esta criatura es adaptable y eficiente y no sufrirá ya más cambios morfológicos, se ha creado (junto al devorador) un soldado que hoy en día aún podemos encontrar: el hormagante.


Diversificación de la forma gante:


Igual que los autotrofomorfos generaron gran cantidad de criaturas nuevas a partir del devorador, los tiránidos lo aplicaron a la forma gante. Nacieron familias de criaturas que agrupaban bajo unas cualidades comunes las diferentes clases de bioformas tiránidas:


De la forma gante se generaron varias amplias familias de criaturas. En una de ellas se fusionaron (o descompensaron) dos de sus extremidades posteriores creando unos robustos y sólidos brazos; a su vez se achaparraron y expandieron y pasaron a albergar multitud de estómagos y cavidades digestivas. Esta fue la familia de los boros.


Otra variante creció en amplitud y robustez, sus placas quitinosas se engrosaron de forma descomunal dejando la cabeza empequeñecida respecto al cuerpo de la criatura. Su pose se enderezó aunque no abandonó su desplazamiento cuadrúpedo dándole un aspecto de centauríneo, ese fue el origen de la familia de los protoguardianes.


Una variante del gante se irguió sobre dos patas pudiendo utilizar de este modo cuatro extremidades para la lucha u otras acciones. Además, se redujo el esfuerzo fisiológico de aguantar un cuerpo horizontal permitiendo disminuir de este modo el espacio muscular y sustituirlo por otras características, el sistema nervioso no tardó en desarrollarse rápidamente. Ésta nueva bioforma abarcó una nueva familia de criaturas, la de los protoguerreros tiránidos, que más tarde fue el núcleo de los ejércitos de la mente enjambre.


Sin embargo este proceso de especiación no se terminó aquí, surgió también una variante del protoguerrero que desarrolló su cola para utilizarla como medio de locomoción, permitiéndole liberar las dos extremidades que le sostenían. Esta dinámica criatura fue la base de futuras bioformas incluidas en la familia de los mànidos.


Igualmente otra variante del protoguerrero adquirió tamaños descomunales hasta el punto de recuperar parcialmente su función cuadrúpeda, estas criaturas inclinadas hacia delante desarrollaron contrapesos en la cola para mantenerse erguidas, se formó así la familia de los ifexes.


También a partir del devorador surgió una familia, los tropos, que se sostenían erguidos mediante largas colas y grandes vesículas de gas alojadas tras su primigenio cráneo. Carentes de extremidades desarrolladas, estas criaturas no tardaran en especializarse.


Ésta clasificación no es exhaustiva sino orientativa, el proceso de especiación abarcó miles de años, por supuesto, y no fue lineal de ningún modo. Todas estas criaturas eran arrojadas sobre nuevos planetas según la amenaza autóctona presente, y cumplían sus propias y especializadas tareas: desde luchar contra posibles amenazas hasta contribuir en la terraformación el planeta. Al tener tanta variedad de criaturas un asalto a un planeta era flexible y adaptativo, sin embargo aún faltaba organización.


Las “bionaves” mas arcaicas:


En el espacio, mientras tanto, los individuos tiránidos crecieron. Desarrollan a su alrededor enormes cortezas celulares que se hincharon y expandieron; las diferentes capas de tejidos se plegaron y envolvieron aportando a los tiránidos un aspecto rugoso y cavernoso. Se formaron lo que más tarde serán bionaves con compartimientos interiores, donde millares de otros individuos vivirán.


Sin embargo de momento su función es mantener mejor un ambiente idóneo para un tiránido cada vez más complejo. A su vez se formaron membranas interiores y una leve compartimentación. Con esta nueva forma el tiránido adulto ya es incapaz de bajar a la atmósfera de un planeta.


Para nutrirse inicialmente se siguieron procesos de metamorfosis aunque no tardaron en ser sustituidos por sencillos sistemas de muda, permitiendo al tiránido descender a tierra en su forma primitiva.


Sin embargo un mecanismo no tardó en dominar al resto, las bionaves desarrollaron larguísimos capilares celulares que se extendían hasta el suelo, allí soltaban feromonas que al ser detectadas por las bioformas tiránidas allí presentes les inducían a reunirse y a generarse una muerte prematura. Estos tentáculos también segregaban potentes encimas digestivos que no tardaban en convertir a la mayoría de las más o menos desarrolladas larvas en una líquida sopa nutritiva.


Alrededor de los millares de racimos capilares que colgaban desde el espacio se formaban grandes charcos digestivos que eran lentamente absorbidos, de este modo los tiránidos se independizaron totalmente del medio terrestre para su supervivencia.


Pero ¿Cómo consiguieron los tiránidos tales avances? El ritmo evolutivo de esta raza superó con creces los parámetros naturales y de hecho hasta ahora nunca se ha encontrado ninguna especie que les iguale.



Qué os parece?



Como siempre, esperamos vuestros comentarios!



Saludos!

3 comentarios:

  1. Y seguimos para bingo! Muy bueno, como la primera parte, espero el resto con ansias.

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    1. Si, se lo está currando muchísimo!


      Nos alegra que os haya gustado

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  2. Me encanta la forma en que desarrolla todo, la narrativa, las definiciones, realmente es un relato que bien podría ser el origen de los tiranidos.

    Gracias por el contenido y espero la siguiente parte.
    Saludos

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