sábado, 31 de mayo de 2014

[Análisis] Legendary Battlegrounds y su playtesting de Círculo de Sangre! (Parte II de II)

Hola a todos!









Cerramos el análisis de Círculo de Sangre que comenzaron los amigos de Legendary Battlegrounds en la anterior entrada, (ésta, os recuerdo).



Sigamos pues con sus últimos turnos!







(esto de fondo musical, para que lo disfrutéis mejor)


Turno 4


Inexplicablemente, los Muchachos de Tulka volvieron a adelantarse en la tirada de Orden. Comencé con Thyra “la silenciosa” para avanzar y coger el anillo con su última maniobra.


Una vez más, el Cabo Rodríguez atacó sobre la bestia y esta Reaccionó. El aventurero de los Espadas Negras consiguió herir una vez más al minotauro pero desató su ira. Tulbar “Talahombres” asestó un poderosísimo golpe sobre el Cabo, que fue empujado algunos metros y quedó gravemente herido. Por suerte todavía pudo levantarse. Antes de terminar con su Reacción, el minotauro se aproximó para tratar de rematarle.




Llegó el turno de Tulka, quien avanzó 30 cm gracias a usar la Acción Táctica. Una vez próximo abrió fuego con su trabuco sobre el minotauro. La metralla alcanzó también a Marie Silver, la líder de mi rival y acabo con el minotauro de una vez por todas. Ahora tenía la cabeza de Tulbar “Talahombres” y el anillo en mi posesión. ¿Qué podía salir mal?




Herida por el impacto, Marie, la acróbata líder de los Espadas Negras, avanzó sobre Thyra, la secuaz de Tulka. Y uno de sus dos ataques consiguió herir a la Alderai.




Rothgar el enano, no iba a quedarse mirando como atacaban a su compañera. Avancé sobre Marie para atacarla con éxito, pero ella utilizó su Habilidad Especial para esquivar los ataques del enano.




Para terminar el turno, Los Espadas Negras de Vegara  utilizaron inteligentemente a Mínguez “La Trucha” quien se acerco al malherido Cabo Rodríguez y aplicó sobre su apreciado  compañero sus conocimientos de Medicina.


Turno 5


Como señal de que la suerte estaba a punto de cambiar, este turno la Cofradía de los Espadas Negras fue la primera en actuar.


El Cabo Rodríguez recién recuperado, cargó sobre Rothgar, el Enano, pero decidí no Reaccionar ante sus ataques. En el primer ataque obtuvo un 7, así que decidí recurrir a la Habilidad Especial del Gladiador y doblé la Def. del enano. Pese a esto su segundo ataque logro alcanzar al enano.


Los muchachos de Tulka activaron a su líder quien avanzó hacia Mínguez “la trucha”, el único rival que no estaba trabado en combate cuerpo a cuerpo y disparó su trabuco sobre él. Reaccionó y gané la iniciativa. Ya que tenía varios penalizadores para esta tirada utilicé mi Habilidad Especial “Puntería” para ignorarlos durante este turno. Pese a alcanzarle pude herirle muy poco y cuando le tocó a mi rival me arrepentí de haberle atacado.




Con tan solo un golpe crítico, Mínguez “La Trucha” logró acabar con Tulka en un abrir y cerrar de ojos.

 
 
 

Marie, la líder de los espadas negras, declaró atacar a Thyra “La Silenciosa” y reaccioné con ella. Después de errar varios ataques Marie consiguió herir de nuevo a Thyra, esta vez dejándola Fuera de Combate.




Por último Rothgar, el gladiador enano, atacó a Marie para vengar su compañera. Uno de sus ataques dio en el blanco con suficiente fuerza como para dejarla Fuera de Combate. Ya sólo quedaban sobre la mesa El Cabo Rodriguez, Mínguez “La trucha” y mi enano; Rothgar.




Último Turno


En un principio la tirada de Orden me dio la iniciativa en la activación, pero Vegara usó muy inteligentemente la Habilidad Especial del Soldado para adelantarse.


El Cabo Rodríguez se acercó a Rothgar, el enano, para librar el último combate de la Misión. Aunque Rothgar fue el primero en herir a su rival, Rodríguez respondió con un poderoso ataque que dejó a mi última miniatura Fuera de Combate. Con su última maniobra, Cabo cogió el anillo y consiguió el Objetivo de la Misión para los suyos.





Conclusiones


Víctor


Tras ver como se desarrollaron las cosas, creo que mi error principal ha sido dividir a los míos. Cuando Tulbar “Talahombres” se alejó del alcance de mis ballestas ligeras, perdí un tiempo precioso y, aunque la suerte me sonrió y di el golpe de gracia, las cosas no tardaron en ponerse difíciles para mi. Me llevo haber cazado a Tulbar, pero perder el anillo así sabe a derrota.


Vegara


La verdad es que si Tulbar, el minotauro, hubiera tenido un poco más de acierto las cosas hubieran sido muy distintas. Sólo uno de sus cuatro ataques dio sobre uno de mis hombres y por suerte no le mató. Eso me dio la opción de plantar cara a Víctor con todo. Cuando parecía que todo estaba perdido un poco de suerte y esfuerzo me reportaron el anillo, y con sólo una baja.


Generales


Sin duda alguna, ambos jugadores coincidimos que la verdadera amenaza en esta misión ha sido el otro rival y no Tulbar “Talahombres”. Es cierto que Tulbar puede retirar del juego a cualquier aventurero con un solo ataque y más si asesta un crítico, pero es más manejable y previsible que un rival real.



Si os ha gustado, no podéis perderos éste resumen de la partida, que nos han narrado a modo de historia!



Tulka ya se hacía mayor para estos menesteres, pero la herencia que le habían dejado años atrás sus progenitores se había agotado rápidamente y sus deudas cada vez eran más altas y difíciles de pagar.


Cuando era joven, mucho antes de acudir a Gormalak, Tulka había pertenecido al ejército del Conde, en la colindante región de Ederim. Aunque mayor y ciertamente atrofiado, como una de aquellas puertas chirriantes de una posada descuidada, Tulka sabía que aún tenía puntería con sus ajadas ballestas ligeras, y aunque su trabuco necesitaba una puesta a punto por algún ingeniero de la ciudad, estaba seguro de poder hacer algo de dinero ayudando a la guardia de la Tríada con alguna de aquellas misiones en las que reclutaban aventureros.


Y allí estaba ahora, contemplando desde lejos aquella mole que se hacía llamar Turbal. Hacía una semana, que el minotauro había aparecido de aquella Ciudad-Bajo-La-Ciudad, y se había dedicado a campar por el barrio. Los guardias que le contrataron le habían dicho que, Alberto Nuño, un alto cargo del gobierno, había salido temerario con su guardia personal para hacerle frente. No hubo más superviviente que aquella bestia a la que, desde entonces, se la conocía como “Talahombres”.


“Talahombres”… – susurró pensativo Rothgar Rotharson a su lado. El enano gladiador parecía estar pensando lo mismo que Tulka en ese momento.– No anima mucho tener que matar a alguien llamado “Talahombres”, aunque entre tú y yo, Tulka, prefiero eso a “Talaenanos”. Hoy he dormido mal, pero si estuviera descansado, podría ir yo mismo y traerte su cabeza.

–Maldito fanfarrón – Tulka  no pudo contener una carcajada. Aquel enano no tenía muy buena fama, la verdad, pero se llevaba bien con él. – No sólo hay que matar a Turbal, Rotharson, ¿ves el cofre que protege? Contiene un anillo muy valioso para la familia Nuño. Quieren recuperarlo también.

–Yo no hago esto por centellas, Tulka. ¡Coño de Suriel! Pensaba que me  conocías mejor. Yo busco fama, amigo. Si queda alguna puerta que el oro no pueda abrir, esa lo hará sólo ante la fama. Y cuando digo puertas, no me refiero justamente a eso, sino a…

–Alguien se acerca. –Thyra “la Silenciosa”, la tercera aventurera de la cofradía, interrumpió oportunamente al enano. – Yo diría que alguien quiere quitarnos las centellas y la fama. ¿A qué estamos esperando para actuar?

–Está bien, comencemos –dijo Tulka–. Ceñiros al plan y todo irá bien. –Y sin decir más, el tirador trepó a la muralla que rodeaba las calles cercanas y que indicaba el final del barrio.


Por el rabillo del ojo, Tulka pudo ver como Thyra conjuraba las grandes hachas del enano y acto seguido los dos comenzaron a correr juntos a por su objetivo.


Tras correr tanto como sus piernas le permitían durante lo que le pareció una eternidad, tuvo que parar a coger aire. ¡Menuda carrera! Definitivamente, Tulka no estaba ya para grandes gestas. A lo lejos vio a la otra cofradía que pretendía recuperar el anillo. Reconoció a su capitana. Era Marie Silver, una acróbata gormalesa joven, guapa y engreída. Tenía un cierto carisma que hacía que siempre anduviera rodeada de aventureros dispuestos a luchar con ella, pero carecía de táctica y estrategia, dos cualidades necesarias en un capitán. Ella era pura corazonada, instinto e “intuición femenina”. Era tuerta de un ojo, lo que significaba que alguien le había dado ya una lección.


El desgarrador rugido del minotauro le sacó de sus pensamientos. Pudo ver, a una distancia prudencial de la bestia, a un mercenario gormalés al que llamaban “La Trucha” que acababa de descargar su ballesta pesada sobre la criatura. Desde luego no se podía negar que ese “La Trucha” tenía agallas y los hígados bien colocados. Por un momento pensó en dispararle también con sus ballestas ligeras, pero la mole cornuda estaba fuera de su alcance, pues corría al encuentro del ballestero enemigo. Echó un último vistazo al escenario, para ver donde andaban Thyra y Rotharson y continuó su carrera.


La primera había conjurado también sus armas con el hechizo Espada Mortal, y seguía en su avance, mientras el enano, sin esperar a nadie, corría a por el anillo, tal y como Tulka le había ordenado. De momento todo iba según lo previsto, aunque al veterano capitán le preocupaba que Marie Silver anduviera también tan cerca del anillo. Rotharson podía tener problemas en un enfrentamiento contra ella.


La posición sobre la muralla le daba cierta ventaja a la hora de disparar, pero también le estaba alejando mucho de sus compañeros, del minotauro, y de la cofradía enemiga, así que, en cuando tuvo oportunidad, descendió de ella a grandes zancadas por una escalinata que la conectaba con las callejuelas cercanas. Nada más pisar el suelo, se preparó para disparar su trabuco.


– ¡Nos atacan! – escuchó gritar a Rotharson a lo lejos. –Ese bastardo de “La Trucha” casi me saca las tripas con su ballesta, ¡sin piedad! ¿Me oyes?, ¡SIN PIEDAD, TULKA!


Desde donde Tulka estaba apostado podía ver el combate. Tenía que reconocer que era magnífico. Aquellos tres aventureros luchaban codo con codo contra una bestia que podía pesar toneladas de hueso sudor y músculo. Sus golpes eran de una fuerza indescriptible, mas los Espadas Negras los esquivaban y contraatacaban sin pensárselo. Vio que Marie Silver había hincado ya su sable de combate en el lomo del minotauro, y de la herida brotaba aquella sangre viscosa que tan desagradable le parecía. Además, el mandoble del Cabo Rodríguez, un corpulento soldado valtiano también estaba ya manchado por la sangre de su enemigo, y justo tras los goles de su capitana, le asestó otro tajo en el pecho. Podía verse como el minotauro se enfadaba más y más al fallar sus ataques.


Sin dudarlo, Tulka apretó el gatillo. Rezó a los dioses porque aquella vieja arma cumpliera con su cometido, y que el óxido no lo encasquillara. Sabía que la metralla del trabuco podía hacer estragos sobre aquel grupo de enemigos.


–Sin piedad…– se dijo para sí mismo.


El disparo atronó por el barrio y el minotauro, finalmente cayó abatido por las heridas que éste le había producido. Además, la metralla impactó de igual modo sobre la capitana enemiga, quien rodó varios metros por el suelo de la fuerza que el golpe le había producido. Herida sí, pero no muerta, volvió a levantarse lista para seguir adelante.


Ganaran o perdieran el anillo, los juglares cantarían como Tulka había derribado a Turbal “Talahombres” ante los ojos de Marie Silver, y había liberado al barrio de su odiado conquistador.


-¡Lo tengo! – gritó en ese momento Thyra “La Silenciosa”, quien recogía el cofre que, momentos antes había guardado Turbal “Talahombres” tan celosamente.


–Pero no lo grites, “Silenciosa”¸mejor vámonos sin que nos vean – escucho que le reprochaba Rotharson al lado de la Alderai.


Al momento, Marie Silver corrió a su encuentro y lanzó dos tajos sobre Thyra, hiriéndola una pierna e imposibilitándoles la huida. El gladiador enano trató de defenderla, pero Marie lo esquivaba todo con una facilidad asombrosa. Uno de los hachazos que éste le lanzo, consiguió saltarlo ágilmente, y cuando Rotharson atacó con su otro hacha, erró el ataque, golpeando contra el suelo, haciendo que salieran chispas por doquier del choque entre acero y piedra.


Apoyando a su capitana, apareció súbitamente Rodríguez,  el enorme soldado, quien atacó por la retaguardia al enano. Aunque la defensa de Rotharson era como la de una muralla, el mandoble del valtiano le azotó en la espalda y se escuchó el crujir de algunas costillas al romperse.


–Natherash te condene a los infiernos, bastardo– le gritó el enano. Mientras seguía atacando a Marie Silver.


Pero la distracción del Cabo Rodriguez había surtido efecto, pues la capitana enemiga, aprovechando que el enano había bajado la guardia, consiguió herir mortalmente a Thyra, quien cayó muerta al suelo, soltando el cofrecito que contenía el anillo de la familia Nuño.


El grito de furia y rabia de Rotharson retumbó entre las calles. Marie no pudo esquivar la tormenta de hachazos que éste le lanzaba sin piedad. Esquivaba, evitaba y bloqueaba ataques, pero era demasiado.


El enano parecía poseído por algún demonio y sus golpes eran certeros, potentes y salvajes. Consiguió tirar a la joven Marie Silver y un porrazo en la cabeza le dejó inconsciente y fuera de combate.


Tulka contemplaba atónito. Tras recargar su trabuco no conseguía un tiro certero desde su posición, y estaban demasiado lejos para disparar sus ballestas. De repente, cayó en la cuenta… ¿Dónde se había metido “La Trucha”? Oteó la zona hasta encontrarle, recargando su ballesta pesada. Apuntó preparado para dispararle con el trabuco, pero “La Trucha” pareció darse cuenta, y con un movimiento espasmódico consiguió dispararle antes de que Tulka apretara su gatillo. La saeta de la ballesta se le clavó en la barriga, y le atravesó, saliendo limpiamente por la espalda del veterano tirador. La sangre comenzó a manar de la herida y Tulka, cayó en shock, intentando curar su herida con lo poco que tenía a mano.


–Suelta el anillo, enano– dijo Rodriguez a Rotharson con un pronunciado acento valtiano.

– Maldita lagartija venenosa, tendrás que quitármelo de las manos. A ver cómo te defiendes sin atacar por la retaguardia, cobarde malparido. – una vez más, dijo el enano sin piedad. –Y dile a tu amiguito el ballestero que aún se la tengo guardada por el disparo de antes, cuando termine de comerme tus entrañas iré a por las suyas también.


Los golpes entre hachas y mandobles eran ya cansados tras la larga escaramuza, y se notaba que ambos adversarios estaban agotados. Rotharson consiguió herir en el abdomen al Cabo, pero tras el golpe, pisó el cuerpo de Marie Silver, y esto le desequilibró y le hizo caer desarmado al suelo.


–Has luchado bien enano, espero poder volver a combatir contigo en el futuro, cuando entrenes un poco y estés a la altura de grandes espaderos como yo. – Rodríguez  hizo una media luna con el mandoble y de un golpe  dejó inconsciente a Rotharson, quien cayó encima del cuerpo de Marie. –


Vamos “Trucha” ayúdame a sacar a Marie Silver de aquí, tenemos una recompensa que cobrar.



Y esto ha sido el extenso informe...



Qué os ha parecido?



Como siempre, esperamos vuestros comentarios!



Saludos!

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