miércoles, 5 de noviembre de 2014

[Pintura] Santa Madeleine y Enrok, por Sandor Has

Hola a todos!








Nos ha escrito nuestro lector Sandor Has, al correo del blog, para mostrarnos dos de sus miniaturas más logradas, ambas conversiones de miniaturas de GW!



Esto es lo que nos decía en su correo:



Hola Wolfen y Alocada.


Hace poco alguien os envió una imagen esplendida de  Santa Celestine magníficamente pintada y yo le dije que era admirable ya que comparada con lo que hacemos humildemente algunos no había posible comparación. XD


Supongo que complemento mis torpes manos con los pinceles con historias, trasfondos elaborados para mis personajes y ejércitos. Hasta el punto de tener los trasfondos muy claros mucho antes de haberlas pintado y de ejecutar las listas de ejércitos según esos trasfondos en vez de la utilidad real xD. En este caso os envío el de éstas dos miniaturas:


* La primera es la Hermana Madeleine: Ella era una hermana más, hasta que se sacrificó para salvar una antigua reliquia imperial de ser capturada por los enemigos del Imperio. Cuando recuperaron su cadáver este se iluminó con una leve aura dorada...


Por alguna extraña razón la hermana parece volver una y otra vez...por duras que sean sus heridas de entre los muertos. Esto fue contemplado e investigado por la Eclesiarquía hasta que finalmente fue declarado un milagro del propio Emperador.


Algunas hermanas de batalla de su conclave se sintieron tan abrumadas e inspiradas por su humilde fe y total entrega que acabaron formando un coro angelical a su alrededor.


Aun cuando la devoción alrededor de la "santa" crecía y su influencia parecía hacer peligrar el control de la Madre Superiora, la hermana Madeleine dejó clara su posición: seguiría fiel a la hermandad y a sus juramentos. Si el Emperador tenía un plan para ella era solo como instrumento de su divina voluntad, no cabía en su destino la ambición o el poder "político".


Obviamente la historia podría seguir y seguir... además esta enlazada con la de Isaac "el Dominico" llamado el Nuevo Profeta. La historia de las contradicciones que la propia Madre Superiora tiene. Y un largo etc. de historias con la inquisición, caballeros grises, Astra Militarum, etc. etc.. XD


* La segunda es Enrok:



Mucho antes de que las sombras apagaran la luz más brillante del universo. Mucho antes de que los héroes se transformaran en terroríficos villanos. La humanidad estaba reconstruyendo su grandeza apoyandondose en los pilares morales que solo un ser podría haber fraguado con su increíble mente: El Emperador.


Y este estaba protegido por una fuerza de superhumanos tan ligados a él, que no solo compartían su iluminada forma de ver el universo, también compartían su carne, su sangre, su voluntad. Eran también sus hijos, menos poderosos que sus infalibles Primarcas, pero más poderosos que cualquier hermano de las Legiones.


Pero eso fue antes. Cuando los enemigos del Imperio eran claros. Cuando los hermanos luchaban juntos para construir. Cuando la Humanidad poseía el Arma Definitiva para vencer al Mal, a la esquiva y pérfida Oscuridad, cuando aun no se había roto el escudo que protegía las mentes de aquellos que debían dominar el universo.


Los Guardianes Fénix representaban los valores más puros con los que las enseñanzas de la Luz Imperial pretendían guiar al resto de mortales. Eran Custodes del Emperador. Se tomaban el resurgimiento de la Humanidad como la enseñanza primaría que todo Imperial debía llevar siempre en el corazón, como llama para purificar sus actos, como luz para iluminar su camino, como razón hacía el futuro que se debía ganar: con cada vida, cada sacrificio, cada batalla.


A los pocos individuos que superaban los terribles estándares de selección no solo eran superiores a un marine espacial típico, además se les enseñaba el valor del resurgimiento y la absoluta lealtad no al individuo, si no a la Causa.


Para estos Custodes, la misión de proteger al Emperador era primordial. No porqué el Emperador fuera imprescindible para el Imperio, si no porqué el Imperio era imprescindible para la Humanidad.


“De las oscuras cenizas del pasado ha renacido la llama del futuro. Esta la porta el Emperador en su poderosa mente. Y esta nos ha sido mostrada para ser protegida por encima de todo. Así pues: protegemos aquel que porta la Luz para salvaguardarla de la Oscuridad.”


Esta máxima guía a este cuerpo de Custodes en la defensa fiel y acérrima del Emperador. Pero si se diese el imposible caso de que el Emperador se corrompiera y cayese bajo la influencia de aquellos poderes a los que se opone y quisiera dañar o destruir el Imperio: los Guardianes Fénix lucharían para impedirlo hasta su último aliento.


Pero esto fue antes. Mucho antes de que un joven muchacho superase todas las pruebas a las que eran sometidos los elegidos. Mucho antes de que lo encontraran entre las quemadas ruinas de una megalopolis sometida a la Voluntad Imperial. Mucho antes de que este contemplase los horrores de la guerra que habrían convertido a cualquier humano en un simple amasijo de carne y huesos con la mente rota.


Pero este muchacho sobrevivió. Este muchacho creció y se convirtió en algo más que un hombre adulto. Se convirtió en un Custode. Realizó los juramentos de hermandad y aprendiendo todo cuanto su mente podía aprender. Absorbiendo, con avidez, las enseñanzas que la Luz Imperial y su Padre podían mostrarle. Por ello, le dolió mucho más el fatídico día en el que la Luz se apagó.


No era el más fuerte de entre sus hermanos. No era ni mucho menos el más ágil, veloz o hábil. No tenía la mente más despierta, ni siquiera era el más valiente. No había superado ningún máximo. En realidad había pasado sus pruebas en el margen de mínimos que se requería. Y aun así: era mucho más que cualquiera de aquellos que ahora yacían a su alrededor. Traidores que despertaban en él un profundo y ardiente odio. Traidores que mancillaban con sus actos todo aquello que significaban sus, ahora, miserables vidas. Su mente bullía dando bandazos de un razonamiento a otro mientras sus manos expertas en el manejo de la alabarda de energía seguía seccionando a uno y otro lado. Se movía con la velocidad del rayo, golpeaba con la contundencia del trueno, mataba por la voluntad del Imperio. No existía justificación para aquello. No existía perdón para aquellos que abandonaran el sendero.


Siempre había sido una lección aplicada a los mortales humanos. Ellos tenía una menor capacidad para entender…para comprender… pero… Sus hermanos. A aquellos traidores los habría llamado hermanos en otro tiempo. Y ahora debía aplicar la única medida justa para sus actos: la muerte.
Cada vez que uno de ellos seguía respirando era una afrenta contra todo lo que le había mostrado y enseñado el Emperador.


No lejos de él había dos Hermanos Fénix engullidos en un torbellino de muerte y destrucción.
Las órdenes habían sido claras. Ni un paso atrás. Debían eliminar a cualquier enemigo mientras se dirigían al puente de la gigantesca nave para tomar el control. Desde allí se dirigirían después al sistema de armamento para atacar al resto de la flota enemiga. En concreto a la nave del Hijo Caído.


Estaban defendiendo Terra. Millones de marines espaciales se enfrentaban en esos momentos unos contra otros. Millones morirían en esta última batalla. Pero su Padre les había dicho que la victoria estaba ante ellos. Una vez más la Humanidad resurgiría de entre las cenizas y la llama resultante brillaría más fuerte que nunca.


Un golpe a la derecha, nunca un paso atrás, esquiva a su flanco, disparo al brazo izquierdo para desestabilizar y corte en la pierna derecha para cercenar ensartando a su derecha después de un doble giro protegiendo su cabeza con el mango.


La acción era trepidante a su alrededor, cubría su cuerpo de los disparos enemigos utilizando a los propios traidores con pasos perfectamente calculados, golpeaba con precisión inmaculada para que cada golpe fuese definitivo a la vez que se coordinaba con sus otros dos hermanos cubriéndose abriendo fuego en los momentos oportunos. Cada macula en su armadura debía vengarse con muerte. No había tiempo para el descanso o las lamentaciones. Habían perdido a dos hermanos Custodes en las ya largas siete horas que llevaban sembrando de cadáveres traidores las cubiertas de aquella horrenda nave. Y entonces sucedió lo inimaginable.


Un estallido psíquico barrió el pasadizo donde se encontraban. Por un momento dejó de sentir el control de su propio cuerpo. Por un ínfimo instante el dolor y la pena embriagaron por completo su mente embotándola de tal manera que solo pudo contemplar con absoluto horror y estupefacción la imagen que se acababa de grabar en sus retinas…


Un demencial grito de rabia contenida en el núcleo de su más profundo ser buscó la forma de desgarrar su garganta mientras de rodillas en el metálico suelo sus músculos se agarrotaban.
No recordaba haber sentido jamás algo tan intenso. Unas ácidas lágrimas surcaban sus mejillas. Todo a su alrededor estaba de repente más oscuro. Como si un sombrío manto hubiese conseguido adherirse a la realidad. Los sistemas de su yelmo intentaban corregir la alteración visual, pero era inútil.


No era el único afectado por aquel choque que casi podía definirse como físico. La mayoría de sus enemigos también habían reaccionado de diferentes formas a aquel instante.


Al siguiente instante ya se encontraba de pie con todo el cuerpo reaccionando al dolor sufrido, estimulándose las zonas adecuadas con las substancias correctas. Inyectando las dosis necesarias de adrenalina de combate para que su cerebro reaccionase velozmente.


Y como él, los traidores comenzaban a recuperarse también. A diferencia de él: no lo suficientemente rápido los que más cerca estaban.


Una rápida mirada le bastó para localizar a sus dos hermanos. Uno de ellos, también estaba ya en acción de nuevo. Pero el Hermano más veterano estaba completamente inmóvil. Parecía una estatua dorada erguida en mitad del caos reinante. Su yelmo había caído hacía ya tres horas cuando un traidor había logrado impactarlo de refilón con una pistola de plasma. Había salvado la vida por poco, no así el marine. Su rostro inexpresivo miraba al suelo mientras parecía escuchar algo.


Lo más sorprendente parecía no ser su inactividad. Si no la actitud de algunos de los traidores. Algunos soltaron sus corruptas armas y cayeron de rodillas con la cabeza sumisa a la espera de una ejecución sumaria. Sus cuerpos daban la clara impresión de haberse rendido. De esperar obedientes el castigo merecido por su crimen. Otros empezaban una retirada desorganizada y completamente aleatoria. Luchando incluso entre ellos y contra aquellos que cegados por una furia asesina descontrolada: luchaban contra todo aquel que tuviesen en sus inmediaciones. Los dos hermanos Fénix no desaprovecharon la oportunidad y siguiendo los mandatos de su ira crescendo se dejaron llevar hacía la masacre de aquellos que habían contribuido a aquel momento.


Mientras su hoja cercenaba a los berserquers y a los rendidos por igual, una voz tronó por su comunicador. Al principio no lograba entender que decía esa familiar voz, la sien le latía con tanta intensidad, los corazones bombeaban con tanta furia que sus enrojecidos ojos solo podían fijarse en la masacre que casi de forma inconsciente estaba causando a su alrededor. No sentía los golpes, no le importaban las heridas recibidas, no quería detenerse…ellos habían destruido al Portador de la Luz. Ellos eran culpables, ellos habían traicionado la sangre que ahora se veía obligado a derramar…


Pero la rutina entrenada, los años de fiel obediencia, la experiencia del soldado que impregnaba todo su ser se impuso. No lograba serenar su desatado animo vengativo, pero se obligó a escuchar…a entender las palabras que aquella autoritaria voz clamaban por el comunicador de su oreja.


- ¡Debemos retirarnos Hermanos! ¡Controlad vuestra furia! ¡Serenad el dolor! ¡Recordad vuestros juramentos!- El veterano estaba bramando mientras  abría fuego de cobertura para facilitar la retirada táctica de sus dos hermanos.

El otro hermano empezó a obedecer cuando él consiguió sobreponerse lo suficiente al dolor y la ira para mascullar:

- ¿Retirarnos? ¡Ni un paso atrás en el justo castigo impartido! ¿Cómo pretendéis que nos retiremos ahora?- No dejaba de golpear y disparar siempre hacía adelante.

- Hermano, nos ordenan desde Terra que volvamos con Padre. Lo has sentido igual que yo…sabes…debemos…- El veterano no podía evitar que se le quebrara la voz. Un hombre mucho mejor que él mismo había flaqueado ante tamaña experiencia.

- ¿Y dejar escapar a aquellos que nos han precipitado al abismo? No puedo…no quiero permitir que escapen sin vengar a Padre. Esta batalla no ha terminado. ¡Debemos extirpar la infección de esta traición aquí y ahora!-  Sin dar ni un paso atrás, seguía avanzando contra aquellos que le impedían el paso.

- ¡Hermano! Las órdenes son claras. Regresar a Terra. Proteger a Padre. Recuerda: Resurgiremos de entre las cenizas para abrasar a nuestros enemigos.- El Veterano había dejado de retroceder. En su corazón también ardía la furia. En su corazón también anhelaba vengarse, luchar por aquello que realmente luchaba.

- ¿Proteger un cadáver?- El dolor de tamaña afirmación cruzó su mente como un filo al rojo vivo. Un potente impacto de una espada sierra le sacó de ese relativo trance de sufrimiento cuando su casco voló por los aires ensartado por la espada. Por poco no había perdido la cabeza. Solo sus inconscientes reflejos lo habían salvado en el último instante.- ¡NO! ¡El Imperio aun no ha sido destruido! Delante nuestro están los enemigos…ante las puertas de Terra. No permitiré que vivan otro día para que puedan acabar su pérfida misión. ¡Hermanos! ¡Abrasemos a estos traidores con la Luz que Él portó!-


Los tres Custodes desobedecen. Los tres se lanzan al combate. Los tres viajan en el interior de una nave que escapa de Terra. Pero solo dos sobreviven cuando la nave salta al inmaterium. Luchando contra los marines traidores usando tácticas de guerrilla, y contra los seres disformes con todo lo que tienen. Dos hermanos ven como sus armaduras se desgastan en cada combate, como se quedan sin munición y deben empezar a saquear los cuerpos de los caídos. Dos son los que se convierten en fantasmas, apareciendo y desapareciendo dando muerte a aquellos que aun habitan en los oscuros agujeros de aquella nave maldita.


Solo uno resurge de entre las llamas de un infierno desatado en el interior de una nave traidora que sale del ojo del terror miles de años después. Sus enemigos le conocen como: el Ex Custode.


Pero eso es antes… antes de que se cruce con la Inquisidora Aguilera acompañada de un destacamento de la Guardia del Cuervo. Antes de que descubra el funesto final al que se expone el Imperio. Antes de que decida que es mejor ver arder a todos aquellos que han olvidado la Luz, que aceptar la muerte del mismo Imperio en manos de los traidores que han olvidado el verdadero camino. Esto es antes de que mate a un Devorador de Almas en un mundo demonio de khorne acompañado de sus ahora fieles Fénix de Ceniza liderados por una sorprendida Inquisidora convencida por las Verdades y la labia del ex Custode.


Antes de resistir las tentaciones de los Oscuros mal llamados Dioses.


Antes de forjar su hacha demoníaca. Antes de sellar el pacto de sangre para lograr las fuerzas necesarias para cumplir su misión.


Todo esto pasa antes de dejar que Kronos se una a su hueste y empiece a crearse un complicado entramado de pactos y alianzas que juegan con corromper el alma de aquellos que participan en ellos hasta límites que ni siquiera sospechan. Antes de transformar una sed justiciera licita en un instrumento caótico.


Todo esto es antes de poder comprobar si al fin, cuando sea el momento de que Enrok demuestre si lo único que le hizo valido para superar las pruebas era cierto o no. Pues aunque jamás fue más fuerte, ni rápido, ni valiente, ni inteligente que el resto de sus hermanos… había algo en lo que si los superó a todos: Era el más fiel al Imperio que nunca fue nombrado Custode. 




Pero si nos limitamos a la pintura... bueeeeeno. Estoy seguro que los lectores y críticos artistas sabrán perdonarme las limitaciones propias. XD



Estas son las miniaturas!



SANTA MADELEINE












ENROK









Muchas gracias por compartirlas con nosotros, Sandor Has!



Qué os parecen?



Como siempre, esperamos vuestros comentarios!



Saludos!

2 comentarios:

  1. Muy fino el trasfondo, pero me hubiera gustado que no secvolviera malote el Enrok XD, muy guapa la conversión con las alas de buitre.

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  2. Uno de los motivos por el que me atrae tantisimo el fondo trans de 40k es justamente ese. El Bien y el Mal quedan muy muy difuminados. Son buenas las hermanas de batalla al adorar a un Dios cuando el propio Emperador pretendia iluminar la galaxia con el conocimiento y la ciencia? ¿no representan justamente el fanatismo que el Imperio pretendia erradicar? Esa sombra de duda reacae en casi todos las legiones/capitulos que permanecieron leales y sobre aquellos mortales bajo el mandato de Terra.
    ¿son malvados aquellos que sirven al kaos? ¿y los que se sirven del kaos para salvar a la humanidad?

    Esta riqueza de contraposiciones humanas siempre me atrajo. Ya no digamos cuando hablamos de orkoz, eldars o otras razas xenos.

    Por otro lado: creo que han gustado poco la idea de miniaturas + transfondo... apenas han criticado nada teniendo el doble de motivos para hacerlo. Snif. :'(

    Gracias Marc por tu aportación xD

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